¿Nos presentamos?


Hace tiempo que dejé de intentar responder de dónde soy exactamente, pues mi vida se divide entre Colombia, España y Francia.

He tenido la suerte de crecer en una época en la que todavía podíamos perdernos sin GPS, consultar diccionarios de papel y descubrir, poco a poco, cómo Internet terminó convirtiéndose en una ventana al mundo. Quizá por eso nunca he dejado de sentir curiosidad por lo que ocurre más allá de las fronteras.

Confieso que tengo un problema: me cuesta mucho quedarme solo con la gramática. Empiezo explicando una palabra y acabo hablando de una canción, de una tradición, de un libro o de cómo una misma expresión cambia de un país a otro. Con el tiempo he entendido que no es un problema, sino mi manera de enseñar. Porque, para mí, los idiomas nunca han sido solo un conjunto de reglas o palabras nuevas; siempre han sido una puerta para entender otras culturas.

Estudié Traducción e Interpretación casi por intuición y terminé descubriendo una profesión que reunía todo lo que me apasionaba: los idiomas, las personas y la comunicación entre culturas. Más tarde llegó el Máster de Profesorado y, casi sin darme cuenta, la enseñanza terminó convirtiéndose en mi sitio.

¿Cómo terminé enseñando idiomas?

Nunca fue un plan diseñado. Siempre me gustaron los idiomas y por eso estudié Traducción e Interpretación. Pensaba que mi camino estaría más cerca de pasar ocho horas al día delante de un ordenador, pero con el tiempo descubrí que lo que realmente disfrutaba era compartiendo todo aquello que iba aprendiendo.

La enseñanza llegó casi sin hacer ruido y ha terminado convirtiéndose en una profesión de la que sigo aprendiendo cada día. Porque, aunque suene a tópico, pocas cosas son tan gratificantes como ver a alguien conseguir aquello que pensó que no podía.

¿Qué hago cuando no estoy dando clase?

Probablemente seguir aprendiendo.

Soy de esas personas que busca el significado de una palabra y, una hora después, acaba leyendo sobre un episodio histórico, una tradición o un escritor que no conocía cinco minutos antes.

Me gustan los libros, las papelerías (nunca se tienen suficientes cuadernos), viajar siempre que puedo y descubrir cómo viven, hablan y entienden el mundo en otros lugares. Aunque, si os soy sincera, últimamente no he tenido mucho tiempo para ello.

También disfruto creando materiales para mis clases y pensando nuevas formas de enseñar. Sí, incluso fuera del horario de trabajo.

¿Cuál es mi mayor defecto?

Creer que un día tiene más horas de las que realmente tiene.

Siempre hay un libro por leer, un proyecto por empezar, una idea para la web, un artículo pendiente o una nueva curiosidad que investigar. Mi lista de «cosas que quiero hacer algún día» crece bastante más rápido que el calendario.

Sigo convencida de que algún día encontraré la manera de que los días tengan treinta horas.

Si pudiera aprender cualquier idioma…

…probablemente elegiría uno del que ahora mismo no entiendo absolutamente nada.

Creo que volver a sentirme principiante me recuerda cómo se sienten mis alumnos cuando empiezan desde cero.

Mi aula ideal

Una en la que los alumnos se sientan cómodos diciendo:

«No lo entiendo».

Porque muchas veces ese es el verdadero comienzo del aprendizaje.

¿Por qué Au-delà des mots?

Porque nunca he entendido los idiomas como una simple colección de reglas y palabras. Detrás de cada expresión hay una historia, una cultura y una forma distinta de ver el mundo.

Este proyecto nació precisamente con esa idea: mirar un poco más allá de las palabras.

Quería crear un espacio donde los idiomas no se quedaran solo en la gramática, sino que sirvieran para descubrir las historias, las personas y las culturas que viven detrás de cada palabra.

Porque aprender una lengua es mucho más que aprender a hablarla.

¿Qué encontrarás en Au-delà des mots?

Un espacio para seguir aprendiendo, hacer preguntas y recordar que, muchas veces, lo más interesante de un idioma ocurre precisamente más allá de las palabras.

Ojalá este sea uno de esos lugares que invitan a seguir haciendo preguntas. Porque, al fin y al cabo, casi todo empieza con la curiosidad.

Gracias por pasarte por aquí. Ponte cómodo, curiosea todo lo que quieras y, si alguna vez te surge una pregunta, ya sabes dónde encontrarme.